Tuesday, September 07, 2010

Nada

Hola, peques:

Ha pasado tanto tiempo, tantos viajes en el metro, tanta carne y tatuajes que ya no sé bien como mover los dedos por acá.

Escribo, lo sé, para el vacío que dejaron mis antiguos compañeros y lectores. Esto es como los matrimonios o los noviazgos: comienza siendo plural y se transforma en los debrayes de uno solo.

Quisiera ser genial o al menos descriptivo, pero en este momento parece que sólo podré ser introductorio, parece que sólo podré escribir palabras para reinaugurar [para reinaugurarme] este espacio.

Sólo añadiré que...

Nada... sólo quiero decir que... escribo a veces.

¡Salud!

Saturday, June 27, 2009

Sweethearts

Lo que los separa del limo es una flor violeta que vaga de mano en mano,
un ave gigante en la madrugada frente a dos niños asustados,
las cuentas de tres años ha,
las noches llenas de pasos,
una pila de libros que explican a Freud y al idiot savant,
las figuras de fiestas crueles que deben destruirse.
Llenos de invitaciones
de auténticos deseos
de un auto militar,
de dejar el desayuno preparado,
de volcar un beso en el aire compartido,
de enfermarse de celos por los que miran a la preciada compañera
o por las cinturas espigadas de jóvenes mujeres,
de abrirse los puños por el camarada, por la compatriota del lecho.
Llenos de tantas plumas en la tarde,
de iridio en los bastones asesinos,
querrían ser eruditos
para contemplarse
sin sorpresas o con aire de buen descubrimiento,
querrían llenarse de automáticas reversas,
de glifos comprensibles,
descifrables en una táctica mirada.
Pero,
oh, valientes geminados,
lo que los separa del limo,
del ritmo suave,
de la mañana terca,
lo que los abandona siempre,
lo que no deja de llevar bitácora,
lo que los mantiene náufragos y en vela,
no tiene manera de guardarse,
camina sin talones vulnerables,
no sabe de ánimos perdidos,
de estrategias que fallen,
y nunca cesa
y nunca pierde.

Friday, May 29, 2009

Los adioses


Había, recuerdo, un encendedor azul y una voluntad tenue de fumar.
Había, ¿recuerdas?, poco aire y pocas lágrimas...

Monday, May 25, 2009

Trilogía

I. El amor en los tiempo de la influenza

Oigo y desoigo tus palabras muertas ya sobre un mar de olvido,
hincadas sobre mis trémulas rodillas,
como serpientes desplazándose en la arena,
como moscas tuertas pululantes, los arquetipos de tu espalda y tu espina dorsal,
los espirales que mi lengua sigilosa dibuja sobre tu abdomen,
mis manos que se funden sobre tus piernas ardientes,
mis ojos que se vienen sobre ti,
mis dientes hinchados de tanto morderte,
todo lo que somos se desplaza silente,
como se camina sobre un entarimado,
tus pies desnudos me vienen al aire y yo los separo,
abro tus piernas tranquilas y dóciles para estocar tu encuentro,
hago un baile demencial mirando tus caderas rebozantes de placer
y un asco profundo me invade desde dentro,
concluyo mi flujo en ti detonando mis regurgitantes entrañas enmedio de tus piernas,
me alejo y respiro. Y respiro.
Los ojos también sienten orgasmos: las lágrimas que transpiro.


II. [Te busco entre mis manos...]

Te busco entre mis manos, entre mi cuerpo desvenado,
te buscan mis brazos y mis piernas a todas horas, en todos lados,
los mismos rastros, el mismo vaho que has dejado acumulado,
las mismas sombras desganadas, el mismo aroma resagado.

Te buscan en el día,
te encuentran tarde en tus ojos escondida,
te sé despierta, te sé cansada, te sé dormida,
tus labios separados y tus ojos cerrados,
silentes cómplices de esta monotonía.

Respiras suave, discreta, tu quietud es tan cierta,
en tu profundo sueño pareces viajar alerta,
son tus manos que se abren dejándote insípida y muerta.


III. Cunilingus

Debí dejarla ahí,
sobre esa tela como baba saliendo de la cama,
abandonarla cuando me vio atravesar el cuarto desnudo y con la luz prendida,
debí besarla y dejarla con las piernas abriertas y los dientes hincados en la almohada.

Alcancé el apagador y seguí su voz através de la recámara.
Seguía viva, respirando agitada,
exudando ese cálido sudor bajo ese horrible perfume excitada.
Acaricié sus piernas extendidas y besé sus palmas,
desdoblé sus muslos y blandí mi espada,
apreté mis dientes y apagué su mirada,
ella se entregó a mi encuentro silente, bella, articulada.

Debió dajarme ahí,
sobre esa baba como tela saliendo de mi arcada,
abandonarme cuando la vi atravesar el cuarto desnuda con la luz apagada,
debió besarme y dejarme con la espada hundida y sus dietes hincados a mi espalda.

Tuesday, March 24, 2009

Ya sé que este no es un blog de "esos"

Ya sé que aquí se escriben poemas y cuentos, ya sé que no es un blog personal. Pero tomemos en cuenta dos cosas:

a) Eso siempre me ha importado un rábano.
b) Todos, salvo yo, han abandonado este espacio.

Así pues, voy a sumarme a la gozosa perversión que significa echar las tripas en la red. Cuando era adolescente solía tener una libreta, pero ahora que soy una especie de adulto contemporáneo, he preferido las ventajas de poner el diario abierto al público las veinticuatro horas, lo cual no hace sino reafirmar mi vieja teoría: la gente no piensa mejor al cumplir más años, sólo acumulamos años y a veces mejores chistes.

Todo se está yendo a la mierda en estos días. O mejor dicho, mi vida se está yendo a la mierda en estos días:

a) Estoy a punto de recibir una buena y tenebrosa y peligrosa reprensión en uno de mis trabajos (tengo varios, de ahí que no cuidar uno de ellos en estos tiempos de crisis sólo revela mi soberana estupidez).

b) Compuse una canción y, entusiasmado, le mostré la grabación a una de mis ex. Con su buen sentido me hizo ver que la dichosa canción era sólo una cacofónica sucesión plañidera de dos minutos.

c) El poema que está inmediatamente debajo de este post, lo escribí con toda la buena intención del mundo (con amor, pues), pero mi preciado built-in shit detector me ha dicho que he comenzado a repetirme, que escupo poemas con los mismos recursos de siempre.

d) Las viejas esperanzas que tanto puse en el mundo académico se estan yendo para abajo. Una universidad rechazó olímpicamente mi solicitud para hacer un doctorado. Hace años que no voy a un congreso. Hace años que no publico nada. Hace meses que no he avanzado en mi tesis de maestría. Hace años que me he dedicado a destruir mi ralo prestigio entre mis profesores (quienes aún me aprecian es porque están lejos de mí).

e) El cuerpo va resintiendo los estragos de la edad y de una vida ni siquiera llena de vicios y excesos, sino más bien tirando a pusilánime. Qué jodidez.

f) Voy descubriendo paulatinamente defectos que nunca pensé que tuviera (o al menos no en grado tan acusado).

g) Todo lo anterior sería manejable, incluso normal, sino fuera por otro asunto ominoso que me está cargando las espaldas: el jodido asunto amoroso. ¿Qué hay? Lo mismo de siempre. Los defasamientos, la falta de comunicación, los miedos a abrirse, los ánimos de abrirse seguidos de un bonito portazo en la cara, las noches llenas de cerveza, la envidia, la lucha eterna contra los otros, contra los de antes, contra los primigenios (la última vez que luché con un primigenio --literalmente luché--, acabé bebiendo como idiota en una cantina del centro, con un arañazo en el cuello), la distancia de siempre.

h) En las clases que he dado me ha gustado insistir en la figura de Héctor encaminándose contra Aquiles después de haber huido de él. Héctor, buen Héctor, siempre te he elogiado en clase. No tienes idea de cuántas veces he querido emularte. Y no porque tenga instinto de héroe, sino porque no me queda otra opción: la derrota siempre ha sido segura en mis asuntos. Sólo me queda tragármela.

i) El bueno de Marco Aurelio decía que si no podemos ser felices, al menos podemos ser buenos. Buen emperador: ¿y cómo? Ya sé que lo describes con detalle en tu libro, pero ya, en serio, ¿cómo?

j) Ni siquiera me salen estas quejas con humor.

k) Puta madre.

l) Chau.

A todo el humo del mundo

Sin viento entre las nubes,
la ciudad parece un charco de sargazos,
un pequeño buque varado en equinas latitudes,
sin sotavento ni maniobras,
no existe la marea,
no hay motines
ni mapas amarillos ni espuma ni gaviotas,
es decir,
quiero decir…
no hay nada
sino la cabellera erguida de Stefanía,
laberinto de ojos y de espejos,
esbeltas torres distantes y lacias y rojizas,
faro de brumas que se rompen,
cabellos no domados,
finos vasos de aire enrarecido;
violentos,
como un cuchillo mercenario;
inconfundibles
como el rostro de las horas;
queridos,
como el sol entre la niebla.

Monday, December 15, 2008

¿De qué hablamos cuando no hablamos de amor?

Con los cabellos enrojecidos de tanto sol,
con los ojos llenos de sueño,
nosotros,
distantes, dormidos,
irascibles, hastiados,
increíbles,
no podemos
sino extender estos monólogos cruzados
encima de nuestros labios,
conocer las vaguedades con exactitud pasmosa,
afilar reproches llenos de entusiasmo,
jugar a que harías todo por mí
y a que yo te ofrecería mis horas y distancias.

Y detrás de los cabellos rojos y las miradas somnolientas,
sabemos que está un gigantesco teatro absurdo,
donde llevas la batuta magistral, griega y latina,
entre las gradas,
sobre las cabezas del público
(sólo dos espectadores, mala suerte)
alguien susurra
incómodas inquietudes,
y todo queda
con un chisporroteo ruidoso y supremo.

Mi monólogo es cierto,
aprendido bien.
Demasiado.

Friday, November 21, 2008

¿Y qué?

La verdad es que ahora no hay charcos de nada,
he llegado a ser tan ridículo que paso una o dos noches en vela
sólo para lograr que mi voz recuerde de lejos a la de Vedder.
¿Y qué hay a la vuelta de la madrugada y la esquinas del mediodía?
El rectángulo perdido de una fotografía que ni siquiera es exclusiva.
Incluso he querido cambiar de giro,
bucear en las profundidades de Kant
para dictar palabras lisonjeras.
Pareciera que soy ciego de los ojos y de espejos.
La verdad es que ya se acabó la cuerda del pollito mecánico,
y la cuerda de la pandorga.
Incluso el hastío de plástico que ahora les ha dado por comprar a todos,
incluso el hastío pirata y barato
me aburre.
O más bien me deja abandonado sin el cofre.
Estoy pegado a la luz
y no encuentro cómo apagarme.